El tiempo es una de las pocas cosas de la vida que no puede recuperarse. Cinco minutos perdidos en una mañana, pueden traducirse en llegar tarde a una cita, perder una oportunidad maravillosa o tener una jornada llena de stress. En esta era en la que como mujeres tenemos roles diversos (profesionales, esposas, emprendedoras, madres, hijas, amigas…) y en la que muchas deseamos hacer cada vez más con las mismas 24 horas, la sensación de no tener tiempo se ha vuelto uno de las causas más frecuentes de ansiedad, frustración y stress.

Durante años vi a mi mamá completar muchas tareas en su día, logrando atenderlo todo de buena manera y con la mejor cara, recuerdo que siempre me preguntaba ¿cómo lo hacía?. Ya de grande yo misma me he visto en la misma dinámica, queriendo rendir mi día entre diversas actividades, lo cual hago gracias al desarrollo de algunos hábitos de poder que día a día intento llevar a la excelencia y que hoy quiero compartirte:

  1. Planificar tu jornada: Como les he dicho en otras publicaciones «Si no está en tu agenda no lo harás y tus sueños, solo en sueños se quedarán». Chicas, en temas de hábitos se requiere de acción planificada. Rendir el tiempo solo es posible si tienes claro con anticipación qué quieres completar durante el día, qué quieres al menos iniciar y qué quieres monitorear. De lo contrario, el día será una interminable lista de pendientes, que te dejará frustrada y sin poder medir tu rendimiento. Para planificar mi jornada lo que me ha funcionado (en lo laboral y personal) es:  dejar cada día, antes de irme de la oficina mi lista de objetivos del día siguiente. En casa hago lo mismo con los temas personales, cada noche antes de dormir. Esto me toma menos de 5 minutos y representa un ahorro de energía y mucho más tiempo al día siguiente, porque llego a la oficina o comienzo mi día sabiendo exactamente qué voy a hacer.
  2. Planificar tu ropa y comida: Estudios demuestran que pensar en qué ropa usar o qué comer a diario, nos roba energía, tiempo y degrada nuestra capacidad de tomar decisiones rápidas y correctas en un día. Es por ello que personajes famosos como el ex-presidente Obama, Mark Zuckerberg (Facebook CEO), Steve Jobs (Co-fundador de Apple), entre otros decidieron establecer un uniforme para sus días de trabajo. Otras personas optan por la idea de comer lo mismo cada día (ejemplo: todos los días desayunar avena y cenar ensalada con pollo).
    Yo en lo personal no he inclino por estas alternativas porque me aburro de verme igual o comer lo mismo, pero si a tantas personas de alto desempeño les funciona, sin duda vale la pena intentarlo alguna vez. Sin embargo; lo que a mí me funciona es dejar planificada la ropa y la comida (meriendas incluidas) de cada día, desde la noche con lo cual en la mañana el tiempo me rinde más.
  3. Aprender a decir NO: «Brendon Burchard» uno de mis autores preferidos dijo:«No porque la gente quiera poner las cosas en tu plato, porque eres bueno, quiere decir que debas dejarlas allí» . Es importante aprender a decir «no» a todos aquellos asuntos que saltan sin planificarlos en tu plato durante el día y que, en ocasiones, nada tienen que ver con tus objetivos. Aunque es cierto que existen los imprevistos, la mayoría de las ocasiones puedes decir «ahora no» y atender ese email, esa llamada, visita o reunión inesperada en otra ocasión, cuando no altere negativamente tu plan. Es cierto, no puedes controlar lo que otros ponen en tu plato, lo que sí puedes hacer (porque el plato es tuyo) es decidir qué se queda y qué no.
  4. Priorizar: Aunque te encante hacer millones de tareas al día, la realidad es que no todo es posible al mismo tiempo. Es por eso que es indispensable que tu lista de tareas del día tenga prioridades claras. De este modo, podrás atender primero lo más importante, lo cual te dará al final de tu jornada una sensación de logro y satisfacción de haber atendido lo más relevante, aunque por algún motivo no hayas logrado completarlo todo.
  5. Delegar: Confieso que este es uno de los hábitos que más me ha costado desarrollar (sobretodo en lo personal). Delegar implica confiar en el otro, confiar en tu propia capacidad para explicar lo que necesitas, cómo y para cuándo lo necesitas, pero sobretodo delegar requiere de un claro criterio para saber qué puedes delegar y qué no. En mi caso, te confieso que hasta hace un par de años decía que no quería pagar para que alguien me ayudara en casa (por no gastar dinero, por no abrirle las puertas a un extraño etc.). Hace un tiempo que tengo ayuda en casa 1 vez por semana y debo decir que es el dinero mejor pagado. No solo delego las tareas de limpieza que no me agradan en alguien que nos atiende con cariño, sino que gano tiempo para poder dedicarlo a cosas que me generan mayor satisfacción o incluso ingresos extras.

A diario encontrarás asuntos que atender, personas que escuchar, actividades que otros intentan colar en tu jornada, pero recuerda que solo TÚ le das valor a tu tiempo, del mismo modo que solo tú decides en qué inviertes o malgastas tu energía. Te invito esta semana experimentes poniendo en práctica alguna de estas rutinas, estoy segura que con paciencia y disciplina lograrás hacer de ellas hábitos poderosos que te ayudarán a rendir tus 24 horas e invertir tu energía diaria en lo verdaderamente importante: TUS METAS.