DISCIPLINA: LA MADRE DE TODOS LOS HÁBITOS

DISCIPLINA es hacer lo que se tiene que hacer, no romper las reglas, actuar de acuerdo a las normas. Disciplina, solo mencionar la palabra provoca sensaciones distintas en cada persona: frustración, fastidio, negación, presión, poder. Dependiendo de cuál sea tu experiencia con ella, tu sensación será distinta.

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Por definición, disciplina es la capacidad que tenemos de hacer lo que sabemos debemos hacer, para alcanzar una meta, tengamos o no ganas de hacerlo. Esta capacidad es un ingrediente clave cuando queremos cultivar nuevos hábitos, reemplazar hábitos que no nos ayudan o mejorar en cualquier aspecto de nuestra vida. ASÍ DE IMPORTANTE ES.

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¿POR QUÉ TE CUESTA TANTO SER DISCIPLINADA?

De acuerdo a mi experiencia personal, a lo que he estudiado y a lo que veo en las mujeres con las que tengo la bendición de trabajar, la mayor dificultad al entrenar la disciplina está en tener la capacidad “consciente y consistente” de elegir aquello que nos promete una recompensa a mediano/largo plazo (también conocida como recompensa aplazada), antes que aquello que nos da satisfacción inmediata. A continuación te dejo algunas situaciones ejemplo para ilustrarte el concepto:
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  • Situación 1: Suena el despertador en la mañana y yo decido:
    • Recompensa inmediata:  Apagarlo y dormir “un ratito más”, el cual se convierte en 1 hora.
    • Recompensa a largo plazo: Levantarme y hacer ejercicios para bajar esos kilitos extra que tengo, entrenar para mi carrera o simplemente mejorar mi condición física.
  • Situación 2: Llego en la noche a casa con hambre y yo decido:
    • Recompensa inmediata: Abrir la nevera y comerme el pedazo de dulce o la pasta que sobró de ayer.
    • Recompensa a largo plazo: Prepararme una ensalada o batido que me nutre y me ayuda a alcanzar mis metas de alimentación.
  • Situación 3: Voy al centro comercial y veo las ofertas del mes y yo decido:
    • Recompensa inmediata: Comprar todo lo que pueda usando mi tarjeta de crédito, luego veré cómo lo pago.
    • Recompensa a largo plazo: Comprar solo 1 pieza con el presupuesto que tenía destinado para eso y seguir ahorrando para el viaje de vacaciones o la casa que tanto quiero.
  • Situación 4: Estoy en casa con mi hijo quien comienza a llorar y yo decido.
    • Recompensa inmediata: Darle la tablet para distraerle mientras yo veo mi serie favorita.
    • Recompensa a largo plazo: Leerle un cuento, pintar con él y preguntarle cómo estuvo estuvo su día de clases, pasando tiempo de calidad y estrechando la relación entre nosotros.
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¿Ves…? no siempre es divertido elegir la recompensa a largo plazo, por eso nos cuesta ser disciplinadas.
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También puede costarnos porque hacerlo implica hacernos responsables de lo bueno y lo malo que decidamos, responsables por accionar y no siempre estamos dispuestas a serlo, nos abruma, nos da miedo. Nos asusta porque no queremos equivocarnos. Pero te digo algo, es mucho mejor equivocarte sabiendo que lo intentaste, que te esforzaste y tomaste acción, que equivocarte por no haber hecho nada.

La disciplina también puede ser difícil de entrenar cuando tenemos tendencia a aplazar o procrastinar. Pensamientos o comentarios como “el lunes comienzo la dieta”, “la semana que viene si voy”, “comenzaré a ahorrar el próximo mes”, “en lo que termine esto comienzo” son tīpicos de una persona con tendencia a procrastinar, ese mal hábito de aplazar las cosas por no sentirte preparada, sin hacer nada y esperando que mágicamente todo se resuelva para “poder comenzar” las cosas, o para encontrar una excusa para no hacerlo. Si ese es tu caso, hay más trabajo que hacer, la idea sería reemplazar el mal hábito de procrastinar por el hábito de ser disciplinada.

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Me encantaría decirte que tengo una fórmula secreta para que desarrolles tu capacidad de ser disciplinada de manera instantánea, pero esto no existe. La disciplina es una capacidad aprendida, por tanto es algo que podrás cultivar con tiempo y la repetición constante, pero requiere de tu enfoque, decisión y acción. Lo bueno es que una vez logras tenerla, te irá costando cada vez menos.

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¿ENTONCES, LA DISCIPLINA ES UN HÁBITO?

Desde mi punto de vista SI. Al ser algo que podemos volver automático, ser una conducta aprendida y algo que nos ayuda a alcanzar metas si, la disciplina no solo es un hábito sino que es, en mi opinión el hábito de poder más importante de todos, porque a partir de ella se abre tu capacidad para crear de manera más sencilla otros hábitos. Por ejemplo: comer de manera saludable requiere disciplina, levantarte temprano requiere disciplina, ahorrar dinero requiere disciplina, maximizar el tiempo requiere disciplina, hacer ejercicios requiere disciplina. TODOS los hábitos pueden ser creados a partir de esta capacidad de ser disciplinadas.

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Pero como en la historia del huevo y la gallina, no podemos decir quién llegó primero, porque a pesar de ser un hábito, hay pequeños hábitos cotidianos que te pueden ayudar a desarrollar tu disciplina, a entrenarla como lo haces como un músculo en el gimnasio. Algunas de estas rutinas son:

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  • Lava los platos tan pronto termines de comer: El poder de esta rutina está en exponerte a diario a algo que quizás NO te agrada. Con lo días, comenzarás a verlo como una actividad “Importante” que no vas a dejar de lado, te ayudará a mantener tu casa más organizada y lo más importante, te ayudará a crear disciplina.
  • 10 min diarios para arreglar tu casa: Verás que con un poquito cada día (guardar los zapatos, recoger la ropa, arreglar la cama, botar la basura), no solo irás desarrollando la disciplina, sino el orden, el cual TAMBIÉN es un hábito poderoso. Recomiendo comenzar con esta rutina luego de una limpieza profunda de tu hogar, así tendrás organizada tu casa, ahorrando tiempo y energía el día de la próxima limpieza grande.
  • 5 min de planificación cada noche: Hacerlo justo antes de dormir (a pesar del sueño y el cansancio) será un ejercicio que entrenará tu disciplina. Listar y priorizar tus actividades del próximo día te dará la posibilidad de gestionar mejor tus tareas y la sensación de estar creando “tiempo extra” en el día para dedicarlo a lo que quieras.
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Al igual que pasa con los músculos, si no has entrenado antes, puede que te sientas débil o incapaz de desarrollar esta poderosa capacidad, pero te aseguro que si mantienes acción constante, no solo lograrás hacerlo, sino que estarás más que lista para ir por hábitos más complejos.
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¿QUÉ GANO SIENDO DISCIPLINADA?

Además de tener una herramienta poderosa que te ayudará a consolidar cualquier hábito que te propongas, ser disciplinada te ayudará a:

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  • Ahorrar tiempo y energía, porque entrarás de manera automática en acción para conseguir lo que quieres, sin perder el tiempo “pensándolo demasiado” ni re-trabajando por no haber hecho desde el inicio lo que sabías que debías hacer (aunque la recompensa llegara a largo plazo).
  • Materializar tus sueños, pues las probabilidades de conseguir lo que te propones se incrementarán por la constancia, la consciencia y el orden con la que trabajas en ello.
  • Mejorar tu seguridad personal ya que la sensación de logro será una constante en lo que te propones.
  • Ser inspiración o referencia para otros, debido a que otros podrán ver cómo actúas con integridad, es decir siempre tomas acción para lograr que dices que quieres lograr. OJO si tienes hijos o tienes pensado tenerlos, nada más maravilloso que enseñarles disciplina a través de tu propio ejemplo, ¿no lo crees?.

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¿LISTA PARA ENTRENAR TU DISCIPLINA?

Te dejo a continuación una serie de trucos para que aproveches al máximo tu camino hacia volverte más disciplinada:

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  1. Comienza con algo simple: Un error que cometemos (y te lo digo por experiencia, porque me pasó muchas veces) es querer hacer muchos cambios positivos a la vez. Cuando estamos emocionadas por la posibilidad de mejorar, es tentador hacer planes nada realistas en los que esperamos comer bien, levantarnos temprano, dejar de fumar, correr y ahorrar, todo en una misma semana. El resultado no es otra cosa que frustración y la falsa creencia de “NO PUEDO, YO NO SOY DISCIPLINADA”. El truco es, comienza solo con 1 cosa, verás la diferencia.
  2. Recuerda que ya eres una mujer, no una niña: Como te mencioné hace antes, la disciplina requiere de hacerte responsable de tus decisiones, dejando de culpar a otros o a tu entorno por lo que NO haces. Cuando decides ser disciplinada, asumes que la falta de acción es solo tu responsabilidad. Esto no tiene por qué ser negativo, al contrario, si solo depende de ti es maravilloso, a fin de cuentas solo puedes controlar y cambiar aquello que depende de ti.
  3. Prepárate para el éxito, sabiendo que el fracaso puede formar parte del proceso,  y cuando falles, sé compasiva contigo, perdónate y aprende del error, mejora tu estrategia y vuelve a intentarlo, las veces que sea necesario hasta lograr tu objetivo. Cuando lo alcances… ¡CELEBRA, HAZ HECHO UN GRAN TRABAJO!

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Cuéntame de tu proceso, ¿cómo ha sido tu experiencia con la disciplina?. Espero que hayas disfrutado este post, si te gusta, compártelo!

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Con cariño,

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